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Casa Querida

Si Marchica acusa a Pizzuco, y éste señala nuevamente al primero, nada de eso inquieta a Don Mariano Arena. Si sobre la sangre de un horadado ciudadano, dispuesto a creer en las estructuras democráticas del lugar en el que reside como una garantía inalterable de los caminos rectos, se amontona un viscoso serrín de ruidoso silencio, eso es la vida. Pero si un capitán norteño actúa con contundencia administrativa y judicial en busca de atar los cabos que maniaten una verdad silenciosa pero brutal, mayor sonará el silbido sin receptor en esa noche siciliana que es, por desgracia, la noche en violenta calma de estos días funestos.

En 1961, Leonardo Sciascia tuvo la osadia literaria de convertirse en el precursor de ese género que tomó relevancia universal con El Padrino y que, en prosa rasgada, Roberto Saviano ha rematado en la actualidad con pelos y señales y sangre. En su…

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